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Crnica - La Eterna Mquina De Escribir De Consuelo Araujonoguera

Fuente: Crnica por @juanrinconv | Fecha: 2018-02-12 | Visitas: 813

Crnica - La Eterna Mquina De Escribir De Consuelo Araujonoguera

La eterna mquina de escribir de Consuelo Araujonoguera le regal millones de letras, porque ella al presionar las teclas con todo el amor del mundo, al cabo de los minutos o las horas dejaba plasmado en una hoja su pensamiento cultural, folclrico, poltico, social o cvico. Escribir para ella era un acto sagrado, y el invitado de honor era el silencio. Nada de ruidos.

Escriba sin descanso hasta que concretaba las ideas, cuyos apuntes los tena en hojas que llenaba de letras. Acostumbraba a subrayar, para que llegaran primero al meterse el teclado. Era manitica del reciclaje de papeles, es as como las hojas las llenaba por ambos lados, y su consigna era antes de que se acaben.

La Carta Vallenata

Durante muchos aos, su primera mquina de escribir marca Remington fue una compaera permanente, y en ella nacieron libros, crnicas, entrevistas, documentos y principalmente, su columna La Carta Vallenata en el peridico El Espectador, la que escribi durante 22 aos. Precisamente, al fallecer el periodista Gabriel Cano, en su columna del 24 de febrero de 1981 escribi: Aqu estoy ante mi vieja mquina con un nudo en la garganta, y los ojos llenos de lgrimas tratando de encontrar las letras. Intentando, ms que cazar letras que siguen ah borrosas bajo los dedos, hallar las palabras, las frases precisas que puedan servirme para decirles a todos en esa forma convencional y prctica en que debemos escribir cuando lo hacemos para los lectores, lo que siento y lo que creo de las enseanzas que nos deja don Gabriel Cano.

Desde esa vieja mquina de escribir que hoy se expone en la Tienda Compai Chipuco de la Plaza Alfonso Lpez de Valledupar, salieron sus obras Vallenatologa, Escalona, el hombre y el mito, Lexicn del Valle de Upar, y algunas obras inditas como En la casa de Alto Pino, Leyendas en clave de sol y Romancero Vallenato.

Bases del Festival

Muchas horas de desvelo le tomaron a Consuelo Araujonoguera para darle forma a los reglamentos de los concursos del Festival de la Leyenda Vallenata. Hilvanando ideas, llenndose de requisitos y acudiendo a sus investigaciones, sac a la luz pblica ese documento que es la gua que marca las bases del mximo evento de acordeones cantos y versos de Colombia.

Ella muy bien lo expres: Yo par el Festival. Efectivamente, as fue cuando contaba con 27 aos. Y una mam que pari un hijo que ya casi llega a los 51 aos, se vuelve grande en el concierto del corazn del alma y ms cuando ese nacimiento, como ningn otro, todava es celebrado y aplaudido desde distintos lugares del mundo.

En medio de los recuerdos impregnados de msica de acorden, caja y guacharaca, arropados con amplias polleras estampadas con flores menudas, bongos, pilones y toda la parafernalia de esta expresiva manifestacin folclrica, se le suma que al lado de Cecilia La Polla Monsalvo, hace 38 aos, rescataron la danza de El Piln Vallenato, metindola de lleno a la inauguracin del Festival de la Leyenda Vallenata. De esta manera, por las calles de Valledupar se desplazan a finales del mes de abril ms de 150 grupos de piloneras en las categoras infantil, juvenil y mayores.

Del burro al Internet

Consuelo Araujonoguera, unos meses antes de despedirse de la vida, avizor el cambio que se avecinaba con la tecnologa, pasando del burro en los que andaban nuestros juglares, al Internet que se desplaza en segundos por todo el mundo.

Sobre el tema, La Cacica escribi la crnica Del burro al Internet, cuyos apartes sealan: Tendrn entonces nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos el privilegio de slo hundir un botn en sus sofisticados computadores para ensearle a un auditorio absorto que s fue verdad que existi un hombre mtico llamado Rafael Escalona, que le construy una casa sin cimientos sostenida en el aire por millares de ngeles diminutos a su primognita; y que para que la segunda de sus hijas no se sintiera menos, hizo brotar para ella un manantial en lo ms alto de la serrana y se lo adorn con un conjunto de sirenas que tenan como misin pechicharla con sus cantos. Y mientras van sacando de las tripas de las mquinas -que habrn sustituido en mucho a las personas- datos, fotos, voces, gestos, palabras, compases, alegras y tristezas les hablarn de un maestro llamado Adolfo Pacheco, que de un trasteo a Barranquilla de su padre anciano acogotado por las penas y el desconsuelo, hizo un romance de amor filial y una alabanza certera a la vida provinciana cuando advirti:

A mi pueblo no lo llego a cambiar ni por un imperio,
yo vivo mejor llevando siempre vida tranquila.
Parece que Dios con el dedo oculto de su misterio,
sealando viene por el camino de la partida.

Les contarn que fue Emiliano Zuleta, el ms grande de una dinasta que comenz a principios del siglo XX, y se prolonga increblemente mucho ms all del tiempo posible, no slo por su sempiterna fertilidad gentica, sino por la persistencia de una gota fra que sigue calando y penetrando ms all de nuestras fronteras Les dirn tambin a sus bisnietos que en un viejo palenque enclavado en tierras cesarenses a orillas del ro Guatapur, existi un pequeo gran hombre llamado Lorenzo Morales, que en noches de luna llena, abrazando su acorden, le mandaba recados groseros a su eterno rival villanuevero.

Se referirn, con un hilo de nostalgia, a Tobas Enrique Pumarejo, el aristocrtico alumno vallenato de las aulas antioqueas que mand a la quinta porra sus estudios en Medelln, porque ya no tena pauelos para aguantar las lgrimas y una tarde apareci en las sabanas del Diluvio sobre la estampa gallarda de un caballo alazn, compaero y alcahuete de sus citas, que muri bajo una mata de trinitaria llevndose el secreto de sus amores y amoros.

El paso al computador

En el ao 2000, una joven entr como secretaria de Consuelo Araujonoguera. Se trataba de Lourdes Ibama Ramrez Medina. Ella, cuenta que cuando en la oficina se compr el primer computador, y por ende haba que dejar a un lado la mquina de escribir, La Cacica pronunci una frase que fue el mayor estmulo para el cambio brusco de ese momento: A uno no le puede quedar grande nada. Tiene que aprender de todo.

Y en verdad, se sigue aprendiendo de todo porque el mundo avanza, pero el recuerdo de La Cacica sigue intacto y escribindose ahora sobre el teclado de un computador o de un acorden, que casi es lo mismo, por el sonido de un vallenato. Muy bien lo cant El Cacique de La Junta, Diomedes Daz:

Le voy a cantar a un alma que est en el cielo
pa que el alma de nosotros aqu en el pueblo,
suspire solo un ratico desde ese da
oscuro da que muri Consuelo.

Las nubes que van pasando me traen recuerdos
por eso cantando lloro al mirar pa rriba,
porque as como esas nubes se fue Consuelo
y all entre nubes qued su vida

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Crnica - La Eterna Mquina De Escribir De Consuelo Araujonoguera

Fuente: Crnica por @juanrinconv | Fecha: 2018-02-12 | Visitas: 813

Crnica - La Eterna Mquina De Escribir De Consuelo Araujonoguera

La eterna mquina de escribir de Consuelo Araujonoguera le regal millones de letras, porque ella al presionar las teclas con todo el amor del mundo, al cabo de los minutos o las horas dejaba plasmado en una hoja su pensamiento cultural, folclrico, poltico, social o cvico. Escribir para ella era un acto sagrado, y el invitado de honor era el silencio. Nada de ruidos.

Escriba sin descanso hasta que concretaba las ideas, cuyos apuntes los tena en hojas que llenaba de letras. Acostumbraba a subrayar, para que llegaran primero al meterse el teclado. Era manitica del reciclaje de papeles, es as como las hojas las llenaba por ambos lados, y su consigna era antes de que se acaben.

La Carta Vallenata

Durante muchos aos, su primera mquina de escribir marca Remington fue una compaera permanente, y en ella nacieron libros, crnicas, entrevistas, documentos y principalmente, su columna La Carta Vallenata en el peridico El Espectador, la que escribi durante 22 aos. Precisamente, al fallecer el periodista Gabriel Cano, en su columna del 24 de febrero de 1981 escribi: Aqu estoy ante mi vieja mquina con un nudo en la garganta, y los ojos llenos de lgrimas tratando de encontrar las letras. Intentando, ms que cazar letras que siguen ah borrosas bajo los dedos, hallar las palabras, las frases precisas que puedan servirme para decirles a todos en esa forma convencional y prctica en que debemos escribir cuando lo hacemos para los lectores, lo que siento y lo que creo de las enseanzas que nos deja don Gabriel Cano.

Desde esa vieja mquina de escribir que hoy se expone en la Tienda Compai Chipuco de la Plaza Alfonso Lpez de Valledupar, salieron sus obras Vallenatologa, Escalona, el hombre y el mito, Lexicn del Valle de Upar, y algunas obras inditas como En la casa de Alto Pino, Leyendas en clave de sol y Romancero Vallenato.

Bases del Festival

Muchas horas de desvelo le tomaron a Consuelo Araujonoguera para darle forma a los reglamentos de los concursos del Festival de la Leyenda Vallenata. Hilvanando ideas, llenndose de requisitos y acudiendo a sus investigaciones, sac a la luz pblica ese documento que es la gua que marca las bases del mximo evento de acordeones cantos y versos de Colombia.

Ella muy bien lo expres: Yo par el Festival. Efectivamente, as fue cuando contaba con 27 aos. Y una mam que pari un hijo que ya casi llega a los 51 aos, se vuelve grande en el concierto del corazn del alma y ms cuando ese nacimiento, como ningn otro, todava es celebrado y aplaudido desde distintos lugares del mundo.

En medio de los recuerdos impregnados de msica de acorden, caja y guacharaca, arropados con amplias polleras estampadas con flores menudas, bongos, pilones y toda la parafernalia de esta expresiva manifestacin folclrica, se le suma que al lado de Cecilia La Polla Monsalvo, hace 38 aos, rescataron la danza de El Piln Vallenato, metindola de lleno a la inauguracin del Festival de la Leyenda Vallenata. De esta manera, por las calles de Valledupar se desplazan a finales del mes de abril ms de 150 grupos de piloneras en las categoras infantil, juvenil y mayores.

Del burro al Internet

Consuelo Araujonoguera, unos meses antes de despedirse de la vida, avizor el cambio que se avecinaba con la tecnologa, pasando del burro en los que andaban nuestros juglares, al Internet que se desplaza en segundos por todo el mundo.

Sobre el tema, La Cacica escribi la crnica Del burro al Internet, cuyos apartes sealan: Tendrn entonces nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos el privilegio de slo hundir un botn en sus sofisticados computadores para ensearle a un auditorio absorto que s fue verdad que existi un hombre mtico llamado Rafael Escalona, que le construy una casa sin cimientos sostenida en el aire por millares de ngeles diminutos a su primognita; y que para que la segunda de sus hijas no se sintiera menos, hizo brotar para ella un manantial en lo ms alto de la serrana y se lo adorn con un conjunto de sirenas que tenan como misin pechicharla con sus cantos. Y mientras van sacando de las tripas de las mquinas -que habrn sustituido en mucho a las personas- datos, fotos, voces, gestos, palabras, compases, alegras y tristezas les hablarn de un maestro llamado Adolfo Pacheco, que de un trasteo a Barranquilla de su padre anciano acogotado por las penas y el desconsuelo, hizo un romance de amor filial y una alabanza certera a la vida provinciana cuando advirti:

A mi pueblo no lo llego a cambiar ni por un imperio,
yo vivo mejor llevando siempre vida tranquila.
Parece que Dios con el dedo oculto de su misterio,
sealando viene por el camino de la partida.

Les contarn que fue Emiliano Zuleta, el ms grande de una dinasta que comenz a principios del siglo XX, y se prolonga increblemente mucho ms all del tiempo posible, no slo por su sempiterna fertilidad gentica, sino por la persistencia de una gota fra que sigue calando y penetrando ms all de nuestras fronteras Les dirn tambin a sus bisnietos que en un viejo palenque enclavado en tierras cesarenses a orillas del ro Guatapur, existi un pequeo gran hombre llamado Lorenzo Morales, que en noches de luna llena, abrazando su acorden, le mandaba recados groseros a su eterno rival villanuevero.

Se referirn, con un hilo de nostalgia, a Tobas Enrique Pumarejo, el aristocrtico alumno vallenato de las aulas antioqueas que mand a la quinta porra sus estudios en Medelln, porque ya no tena pauelos para aguantar las lgrimas y una tarde apareci en las sabanas del Diluvio sobre la estampa gallarda de un caballo alazn, compaero y alcahuete de sus citas, que muri bajo una mata de trinitaria llevndose el secreto de sus amores y amoros.

El paso al computador

En el ao 2000, una joven entr como secretaria de Consuelo Araujonoguera. Se trataba de Lourdes Ibama Ramrez Medina. Ella, cuenta que cuando en la oficina se compr el primer computador, y por ende haba que dejar a un lado la mquina de escribir, La Cacica pronunci una frase que fue el mayor estmulo para el cambio brusco de ese momento: A uno no le puede quedar grande nada. Tiene que aprender de todo.

Y en verdad, se sigue aprendiendo de todo porque el mundo avanza, pero el recuerdo de La Cacica sigue intacto y escribindose ahora sobre el teclado de un computador o de un acorden, que casi es lo mismo, por el sonido de un vallenato. Muy bien lo cant El Cacique de La Junta, Diomedes Daz:

Le voy a cantar a un alma que est en el cielo
pa que el alma de nosotros aqu en el pueblo,
suspire solo un ratico desde ese da
oscuro da que muri Consuelo.

Las nubes que van pasando me traen recuerdos
por eso cantando lloro al mirar pa rriba,
porque as como esas nubes se fue Consuelo
y all entre nubes qued su vida

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Crnica - La Eterna Mquina De Escribir De Consuelo Araujonoguera

Fuente: Crnica por @juanrinconv | Fecha: 2018-02-12 | Visitas: 813

Crnica - La Eterna Mquina De Escribir De Consuelo Araujonoguera

La eterna mquina de escribir de Consuelo Araujonoguera le regal millones de letras, porque ella al presionar las teclas con todo el amor del mundo, al cabo de los minutos o las horas dejaba plasmado en una hoja su pensamiento cultural, folclrico, poltico, social o cvico. Escribir para ella era un acto sagrado, y el invitado de honor era el silencio. Nada de ruidos.

Escriba sin descanso hasta que concretaba las ideas, cuyos apuntes los tena en hojas que llenaba de letras. Acostumbraba a subrayar, para que llegaran primero al meterse el teclado. Era manitica del reciclaje de papeles, es as como las hojas las llenaba por ambos lados, y su consigna era antes de que se acaben.

La Carta Vallenata

Durante muchos aos, su primera mquina de escribir marca Remington fue una compaera permanente, y en ella nacieron libros, crnicas, entrevistas, documentos y principalmente, su columna La Carta Vallenata en el peridico El Espectador, la que escribi durante 22 aos. Precisamente, al fallecer el periodista Gabriel Cano, en su columna del 24 de febrero de 1981 escribi: Aqu estoy ante mi vieja mquina con un nudo en la garganta, y los ojos llenos de lgrimas tratando de encontrar las letras. Intentando, ms que cazar letras que siguen ah borrosas bajo los dedos, hallar las palabras, las frases precisas que puedan servirme para decirles a todos en esa forma convencional y prctica en que debemos escribir cuando lo hacemos para los lectores, lo que siento y lo que creo de las enseanzas que nos deja don Gabriel Cano.

Desde esa vieja mquina de escribir que hoy se expone en la Tienda Compai Chipuco de la Plaza Alfonso Lpez de Valledupar, salieron sus obras Vallenatologa, Escalona, el hombre y el mito, Lexicn del Valle de Upar, y algunas obras inditas como En la casa de Alto Pino, Leyendas en clave de sol y Romancero Vallenato.

Bases del Festival

Muchas horas de desvelo le tomaron a Consuelo Araujonoguera para darle forma a los reglamentos de los concursos del Festival de la Leyenda Vallenata. Hilvanando ideas, llenndose de requisitos y acudiendo a sus investigaciones, sac a la luz pblica ese documento que es la gua que marca las bases del mximo evento de acordeones cantos y versos de Colombia.

Ella muy bien lo expres: Yo par el Festival. Efectivamente, as fue cuando contaba con 27 aos. Y una mam que pari un hijo que ya casi llega a los 51 aos, se vuelve grande en el concierto del corazn del alma y ms cuando ese nacimiento, como ningn otro, todava es celebrado y aplaudido desde distintos lugares del mundo.

En medio de los recuerdos impregnados de msica de acorden, caja y guacharaca, arropados con amplias polleras estampadas con flores menudas, bongos, pilones y toda la parafernalia de esta expresiva manifestacin folclrica, se le suma que al lado de Cecilia La Polla Monsalvo, hace 38 aos, rescataron la danza de El Piln Vallenato, metindola de lleno a la inauguracin del Festival de la Leyenda Vallenata. De esta manera, por las calles de Valledupar se desplazan a finales del mes de abril ms de 150 grupos de piloneras en las categoras infantil, juvenil y mayores.

Del burro al Internet

Consuelo Araujonoguera, unos meses antes de despedirse de la vida, avizor el cambio que se avecinaba con la tecnologa, pasando del burro en los que andaban nuestros juglares, al Internet que se desplaza en segundos por todo el mundo.

Sobre el tema, La Cacica escribi la crnica Del burro al Internet, cuyos apartes sealan: Tendrn entonces nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos el privilegio de slo hundir un botn en sus sofisticados computadores para ensearle a un auditorio absorto que s fue verdad que existi un hombre mtico llamado Rafael Escalona, que le construy una casa sin cimientos sostenida en el aire por millares de ngeles diminutos a su primognita; y que para que la segunda de sus hijas no se sintiera menos, hizo brotar para ella un manantial en lo ms alto de la serrana y se lo adorn con un conjunto de sirenas que tenan como misin pechicharla con sus cantos. Y mientras van sacando de las tripas de las mquinas -que habrn sustituido en mucho a las personas- datos, fotos, voces, gestos, palabras, compases, alegras y tristezas les hablarn de un maestro llamado Adolfo Pacheco, que de un trasteo a Barranquilla de su padre anciano acogotado por las penas y el desconsuelo, hizo un romance de amor filial y una alabanza certera a la vida provinciana cuando advirti:

A mi pueblo no lo llego a cambiar ni por un imperio,
yo vivo mejor llevando siempre vida tranquila.
Parece que Dios con el dedo oculto de su misterio,
sealando viene por el camino de la partida.

Les contarn que fue Emiliano Zuleta, el ms grande de una dinasta que comenz a principios del siglo XX, y se prolonga increblemente mucho ms all del tiempo posible, no slo por su sempiterna fertilidad gentica, sino por la persistencia de una gota fra que sigue calando y penetrando ms all de nuestras fronteras Les dirn tambin a sus bisnietos que en un viejo palenque enclavado en tierras cesarenses a orillas del ro Guatapur, existi un pequeo gran hombre llamado Lorenzo Morales, que en noches de luna llena, abrazando su acorden, le mandaba recados groseros a su eterno rival villanuevero.

Se referirn, con un hilo de nostalgia, a Tobas Enrique Pumarejo, el aristocrtico alumno vallenato de las aulas antioqueas que mand a la quinta porra sus estudios en Medelln, porque ya no tena pauelos para aguantar las lgrimas y una tarde apareci en las sabanas del Diluvio sobre la estampa gallarda de un caballo alazn, compaero y alcahuete de sus citas, que muri bajo una mata de trinitaria llevndose el secreto de sus amores y amoros.

El paso al computador

En el ao 2000, una joven entr como secretaria de Consuelo Araujonoguera. Se trataba de Lourdes Ibama Ramrez Medina. Ella, cuenta que cuando en la oficina se compr el primer computador, y por ende haba que dejar a un lado la mquina de escribir, La Cacica pronunci una frase que fue el mayor estmulo para el cambio brusco de ese momento: A uno no le puede quedar grande nada. Tiene que aprender de todo.

Y en verdad, se sigue aprendiendo de todo porque el mundo avanza, pero el recuerdo de La Cacica sigue intacto y escribindose ahora sobre el teclado de un computador o de un acorden, que casi es lo mismo, por el sonido de un vallenato. Muy bien lo cant El Cacique de La Junta, Diomedes Daz:

Le voy a cantar a un alma que est en el cielo
pa que el alma de nosotros aqu en el pueblo,
suspire solo un ratico desde ese da
oscuro da que muri Consuelo.

Las nubes que van pasando me traen recuerdos
por eso cantando lloro al mirar pa rriba,
porque as como esas nubes se fue Consuelo
y all entre nubes qued su vida

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