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 | | | Por: Patricia Escobar
La suspensión, nuevamente (ya lo había hecho el anterior alcalde Juan Pablo Díaz Granados), de la Fiesta del Mar en Santa Marta, debería ser un campanazo de alerta para los barranquilleros que nos llenamos la boca diciendo que amamos el Carnaval, que nos sentimos orgullosos de él, que pensamos que es la verdadera fiesta de Colombia.
Una fiesta de la magnitud del Carnaval, el Festival Vallenato, la Fiesta del Mar, la Feria de las Flores, la Feria de Cali, o cualquiera otra que quiera trascender y mantenerse en el tiempo, no puede estar en manos de las administraciones municipales de turno, por múltiples razones, pero voy a enumerar algunas de las que, a mi juicio, tienen mayor importancia.
1. Una Fiesta de altura cuesta y cuesta mucha plata. Esa plata no cae del cielo y no es asumida por los gobiernos. Hay que gestionarla, buscarla, trabajarla. Y no está nada bien que un gobernante se dedique a buscar recursos para organizar una fiesta, cuando tiene que atender infinidad de responsabilidades sociales.
No estaría nada bien que una Alcaldía coloque a un funcionario a buscar 5 mil millones de pesos para una fiesta, de un mes o cuatro días, mientras que, con una cifra igual, podría dotar escuelas, puestos de salud, o construir viviendas, pavimentar calles, o llevar servicios básicos a la población vulnerable como se llama hoy a los pobres de este país.
2. Una Fiesta requiere compromiso de parte de sus organizadores y los políticos y funcionarios de turno difícilmente lo tienen, y menos para aspectos culturales. Quienes han llegado a las secretarias de cultura, quieren imponer un sello que sea distinto al del anterior funcionario. Casi nunca hay una continuidad porque cada uno tiene en su cabeza una idea que es la que quiere desarrollar. Solo una organización que trabaje un tema específico, sin fecha de caducidad puede dedicarse en cuerpo y alma a sacar adelante su compromiso.
3. Una Fiesta crece de la mano de la experiencia de sus organizadores, cuando no son funcionarios de libre nombramiento y son los dolientes directos de la misma. ¿Por qué alcaldes, como los de Santa Marta pueden darse el lujo de cancelar su máxima fiesta con la excusa de que no hay presupuesto? Por qué no tienen idea por dónde le entra el agua al coco, porque no son su prioridad, porque cuando llegan al puesto el primero de enero tienen que gastarse cuatro meses para articular un Plan de Desarrollo, que luego deben defender durante un mes ante las corporaciones (Concejo o Asamblea) para comenzar a ejecutarlos después de seis meses de haber comenzado a ejercer! ¿Hay tiempo entonces para estructurar, organizar y buscar recursos para una Fiesta?
4. Las fiestas culturales mantienen con la política, la misma relación que el agua y el aceite, o que el alcohol y la conducción. Las fiestas son o deben ser el sentir de un pueblo que está por encima de cualquier color o partido político. Las tres fiestas más importantes del Caribe colombiano son: el Carnaval de Barranquilla, el Festival Vallenato, y el Festival Francisco El Hombre en La Guajira, y si quien metan el Reinado Nacional de la Belleza (no las Fiestas de la Independencia), todas ellas son organizadas, manejadas, gestionadas económicamente por personas o instituciones que nada tienen que ver con el gobierno de turno. En el resto de la Costa, en cada uno de los municipios hay una fiesta, (modestia aparte creo que me conozco más del 90% de ellas), y estas fiestas de gran importancia cultural como el Festival de la Cultura Wuayuu, el Festival del Porro, el de la Gaita, el de la Cumbia, el del Carbón, el de Bandas, no han podido trascender porque dependen, en un 90% de la administración política-administrativa de turno.
Yo tengo clarísimo que a los gobiernos les corresponde mantener vigentes políticas públicas relacionadas con la preservación de la cultura. Pero también tengo claro que no lo han hecho, y no lo harán por muchos años más. Entonces, lo más sano hoy, que el manejo lo mantengan los privados, con la SUPERVISION del estado Que sean ellos los que sigan organizando la fiesta, sigan gestionando recursos, sigan dando informes, sigan recibiendo críticas, sigan trabajando en lo que saben y lo que les gusta. O ¿acaso es para todo el mundo pasar de largo, mal comidos y con las temperaturas del Caribe dos y tres días, porque la organización del evento así lo requiere? Yo lo he vivido en el Carnaval de Barranquilla y en el Festival Vallenato organizados por privados, y lo he sufrido en cuatro oportunidades en la Fiesta del Mar. Organizar una macro fiesta no es para todo el mundo. Y buscar su financiamiento, tampoco. Patricia Escobar | |  |
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